Pasa el tiempo y vamos cambiando; eso es bueno, indica que continuamos moviéndonos.
De pronto , sin darte cuenta ya eres otra persona.
80% del tiempo. Vistes con traje sastre, te maquillas, hablas con términos profesionales y ese mismo tiempo se lo dedicas al trabajo o cosas de gran trascendencia y seriedad, o bueno eso crees tu.
Te das cuenta que aquellas horas que perdías en la facultad, ya no te puedes dar el lujo de perderlas. Dear... Time is money.
Que los pequeños errores que cometías en tus tareas de estadística o de costos, se resolvían en una mala nota y punto. Ahora se resuleven con pérdidas en miles de pesos si bien te va o con un hermoso cheque de finiquito. -sin el apapacho de: Gracias por tus servicios- vulgarmente te dan tu PC y vas pa' fuera.
En fin, así es esto; de pronto estás dentro. Pero sucede que de vez en cuando aparece de nuevo la magia, algún detalle, algún instante te hace recordar que sigues ahí. Que puede pasar todo el tiempo del mundo, y cambiar mil y un cosas... pero ahí sigue todo aquello de lo que estas hecho, si sí la esencia, lo que te toca, lo que te mueve. Todo aquello que te hace soñar, te hace sonreír, te hace sentir libre... ahí esta. Un poco escondido eso sí, más tímido que antes... pero ahí sigue.
Y así un domingo cualquiera, después de tu clase de manejo. Te encuentras en la sala de tu casa, solo. Mirando los pequeños detalles, escuchando la lluvia caer, oliendo la tierra húmeda por la ventana, apagas las luces y escuchas algo que te relaje.
En un ir y venir de pensamientos, se van uniendo todas tus realidades alternas, lo que es, lo que te gustaría que fuera, lo que fuiste, lo que serás, lo que imaginas, sueño y realidad al ritmo de la música, esa música secreta que se encuentra en las cosas cotidianas. Esa música del universo.
Ahora sí te da por escuchar poesía. Alberto Ruy Sánchez sería buena opción en este momento. Comienza la música. Comienza su poesía. Tu imaginación empieza a colorear mundos imaginarios, tomas papel y una pluma, recuerdas que te gusta dibujar y comienzas a hacer bocetos con mucho menos maestría que hace años; habías olvidado lo mucho que te gustan esas practicas.
Música, poesía, inventos, todo a media luz. Y ahí estás. Recordando, viviendo, respirando, soñando. Y todo tiene sentido.